Son los reyes de la casa. Duermen donde y a la hora que quieren; entran y salen sin permiso; cazan y suelen jugar con sus presas hasta cansarse; buscan cariño cuando lo desean y miran hacia otro lado si son acariciados en un momento inoportuno (para ellos), pero no rechazan los mimos. Los humanos se saben sus súbditos, y lo aceptan gozosos.
En el Día Internacional del Gato, el felino doméstico tiene todo el protagonismo. Aunque siempre se dice que el perro es el mejor amigo del hombre, ¿qué hay del gato? Nuestros amigos con bigotes son cada vez más elegidos por quienes desean tener una mascota. Su popularidad ha crecido tanto que incluso existen tres fechas para homenajearlos.
Hoy es el primer día, en homenaje a Socks Clinton, mascota famosa del expresidente estadounidense Bill Clinton. También se celebra el 8 de agosto, para concientizar sobre los derechos de los animales y el 29 de octubre, para promover su tenencia y adopción responsable. Precisamente, en este sentido, tucumanos nos cuentan historias de rescates y amor con sus amigos peludos.
Todos, alguna vez, hemos visto algún gato y comprobado que cada uno es diferente; aunque haya quienes opinen que son todos iguales, para los conocedores es muy difícil englobarlos en una personalidad: “es un animal único e irrepetible, cada uno tiene su característica, reacciona ante un determinado estimulo de una forma totalmente diferente a la de otro, incluso los maullidos son absolutamente distintos -explica el rescatista Dante Billone-. Siempre hubo algo que me atrajo del gato, su personalidad, su forma de ser o su aparente indiferencia, que no es tal cuando uno los conoce. Y eso me fue cautivando con el tiempo”.
Actualmente Dante tiene a su cargo 45 gatos: unos viven con él, otros están dados en adopción (de las que realiza seguimiento), y algunos viven en hogares de tránsito o pensiones que paga.
Un trabajo minucioso
Cada uno de los gatos rescatados es inmediatamente castrado (antes de ser dado en adopción) para evitar que la cadena de reproducción siga activa. Para ejemplificar su compromiso, Billone cuenta la historia de Hipólito, que salvó hace tres años cuando estaba a punto de ser muerto por perros. Al comenzar a tratarlo para “ponerlo en condiciones”, descubrió que tenía diabetes: ahora todos los días deben aplicarle una dosis de insulina. Otro caso que narra a LA GACETA es el de Fulvio, también víctima de una jauría: “prácticamente se estaba muriendo, recuperarlo fue un proceso muy lento y, como tenía daños en la médula, se le enseñó a caminar con fisioterapia”.
El rescatista no se siente dueño de los gatos. “Siempre digo que no son míos, sino que yo soy de ellos. Tienen la particularidad de que eligen a su humano, y uno pasa a ser de su propiedad”, expone. Reconoce que los gatos dan muchísimo cariño y amor, son compañeros con buena vibra que realmente acompañan y hacen sentir bien a quien los tiene.
Invita a sumarse a su labor. “Hay que sacarse un poco la idea de que únicamente el rescatista puede rescatar. Todos lo pueden hacer. Pasar al lado de un ser que está sufriendo y seguir de largo nunca es una opción. El animal está necesitando una ayuda que puede cambiar su destino”, subraya. Busca concientizar: sacar una foto y avisar de la presencia de un gato en peligro no ayuda. “Hay que actuar en el momento; levantar ese animal y llevarlo a una emergencia veterinaria le salva la vida. Si se especula con que lo haga otro, tal vez cuando llegue ya sea tarde”, aclara.
También anima a adoptar a quienes nunca han tenido un gato, siempre y cuando tengan las condiciones necesarias para cuidarlo. “Hasta el último día en que respire, uno tiene que estar con él. Háganlo, no se van a arrepentir”, insiste.
Silencio y compañía
Constanza Chaila cuenta que su gran compañera es Miku, la gata que rescató de la calle hace algunos años. “Llegó cuando regresaba de la escuela. Estaba en la puerta del garaje de casa y tuve que bajarme del auto, darle una galleta y alzarla para que mi mamá estacione. Me quedé jugando con ella hasta la noche sin siquiera haberme sacado el delantal. Pedí tenerla en casa solo por ese día, pero obviamente todos nos encariñamos y nunca se fue”, recuerda.
Para ella, los gatos son una gran compañía, sobre todo para las personas que disfrutan mucho del silencio y el estar solos: “aportan armonía y equilibrio en una casa, en cuanto a las energías”. Los gatos -sigue- se manejan con mucho más desapego emocional que los perros. “Siempre van a pedir y aceptar lo que necesitan de vos, pero ni más ni menos que eso. Pueden dar y recibir cariño en la medida y en el momento que quieran y puedan. A los humanos nos cuesta mucho tener un vinculo así: creemos que si sentimos la necesidad de dar amor, el otro tiene la obligación de aceptarlo y, si no lo hace, nos sentimos lastimados”, explica.
Constanza afirma que su vida cambió desde que tiene a su gata. “Me siento más acompañada y comprendida, creo que ella entiende todo lo que no digo, sabe cuando me siento mal, o cuando tengo ciertos comportamientos. No me juzga;con que se acueste cerca de mí y me acompañe es suficiente para que no me sienta sola”, narra.
Azul María Haro vive en una casa con cuatro gatos, de los cuales rescató dos (una hace un año y otra hace sólo una semana). “En 2019 pasé momentos difíciles y, luego de unos meses, decidí traer una gatita a casa. Cleo lleva este nombre porque así se llamaba la gata favorita de mi madrina, con la que crecí desde pequeña y marcó parte de mi vida. Cuando falleció mi madrina, quería que ella la representase”.
Celeni, en tanto, fue encontrada por Azul hace unos días cuando era perseguida por perros. Estuvo casi una hora preguntando si alguien la conocía, hasta que decidió llevarla a su casa para que esté tranquila mientras buscaba a su familia. “Nadie la reclamó y llegó tan desnutrida que dudo que haya tenido dueños”, reflexiona.
“Lo más lindo es la compañía que brindan, las formas de demostrarte amor a pesar de que son independientes por momentos. Me gusta saber que tenés que ganarte su confianza y su cariño, a diferencia de los perros. Es un logro cuando sucede”, finaliza.
(Producción periodística: Nicolás Sánchez Picón)